Las posadas celebradas en México cumplen ya 430 años :D… Disfrutamos de épocas de continua reinterpretación a nuestra cultura mexicana, un sincretismo de nuestro pasado azteca con las corrientes religiosas cristiana llegadas con la colonización.

Nuestros nativos habitantes del Anáhuac, por su parte, celebraban el solsticio de invierno, con la venida de Huitzilopochtli (Dios de la guerra y del Sol). Ofrecian suculentos manjares y preparaban hogueras para pedir bonanza para el año posterior durante este periodo, al que bautizaron como Panquetzaliztli.

La cosmovisión relata que el camino del Sol al Mictlán (Lugar de los Muertos) duraba nueve meses, este ciclo servía para su transmutación y purificación. Del 24 al 26 de Diciembre todo el pueblo mexica esperaba su retorno en forma de un hermoso Colibrí.

En tiempos coloniales, un fray de la orden agustina, Diego Soira, recibió la autorización del papa Sixto V para celebrar 9 misas a las que llamo “aguinaldos”, mismas que coincidian con la celebración prehispánica. Dicha celebración se inició en el poblado de Acolman, Estado de Mexico, pueblo que ahora es conocido por conservar el arte milenario de las piñatas.

Todo el ritual entorno a la piñata carga un simbolismo de depuración y gracia. Por medio de la fe ciega (un paliacate vendando los ojos)  y la voluntad (mazo en mano) uno destruye las ofensas cometidas en el año, los 7 pecados capitales (pegando energicamente los 7 picos de la piñata) para redimirse y ser merecedor de grandes frutos y alegrias (recibir los dulces de la piñata).

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