Difícil es entrevistar en pleno acto y performance una celebración tan compleja de interpretar, seguir y entender. Pero ha sido tan interesante conocer todos sus pequeños detalles, y llegar a experimentar con asombro y reflexión en torno a todo lo que está detrás de este evento.

Ser parte del Carnaval es ver de todo: una creatividad impresionante en cada uno de los disfraces del desfile,  una organización extraordinaria al ver como todos están fungiendo su papel (los caporales, correlonas, cohuinas, mancohuinas, maestros musicales, artesanos, danzantes, personajes, embajadoras) y que la comida rinde día, tarde y noche, alimentando al centenar de visitantes con una chanfaina, huevos y frijoles con chipilín de día, Sispolá por la tarde y no falta el cacapote con pan, ponsoki y putxinú en la noche.

En una de las fuentes consultadas, decía que “la tradición es un materialismo histórico y arqueológico, que se crea mediante un proceso de memoria social o experiencia vivida y es sedimentado… Que se da en un ambiente específico, adecuado al tiempo, medido en los objetos, rastros y estructuras materiales y culturales” Complementando también que, “las tradiciones se hacen y deshacen, y solo son factibles si hay quienes las siguen y ejecutan” (Newell Elizabeth, 1999)

Me parece oportuno citar estos párrafos ya que tenemos en sí un evento ritualista que vincula familia, fiesta y generaciones, que no termina nunca… durante la investigación del Carnaval, nos dimos cuenta que mucho de los personajes  lo  encabezan los más pequeños de la sociedad, los niños fungen papeles importantes y puedo asegurar que son la clave de que esta tradición logre sobrevivir con el paso del tiempo y a pesar de los nuevos condicionamientos de la vida moderna y las amenazas que pudiesen desvirtuar la historia, la razón y la fidelidad que se tiene con este patrimonio.

Todos los visitantes y espectadores también nos convertimos en reporteros orales, al compartir y explicar a otras personas, de lo que hemos sido parte y testigos año con año. El carnaval es más que una zona de guerra de talco, harina, espuma y confeti, más que recibir comida típica “gratis” durante todo el día e ir de un lugar a otro para “hechar trago” y bailar en círculos.

El carnaval Coiteco empieza  con la coronación de la reina y termina dependiendo del cohuina al que uno pertenezca… ya sea con el baile del cochi (si es que se llega a robar, se extiende el carnaval al día jueves) o el baño de zapoyol miércoles.  El sábado se marca al caballo, domingo es el desfile tradicional, lunes la visita a los 6 Cohuina, y martes los bailes de plaza.

Es importante saber entonces que para poder disfrutar del Carnaval Coiteco es impresindible, ir con energía y preparado con gorras, lentes y cambios de ropa por aquello de la “delicuencia urbana”.

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6 Comments

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